El fracaso de la guerra contra las drogas

Es extendido pensar por prejuicio que las personas involucradas en cambiar las actuales políticas de los drogas son sólo fumanchús, cuando la verdad es que hay un mundo más allá de la legalización de la marihuana, un movimiento internacional que agrupa los que aman y odian las drogas o le son indiferentes pero estan trabajando para mejorar las actuales políticas. Legisladores, médicos, fuerzas de seguridad de la lucha contra el narcotráfico, abogados, periodistas o defensores de los derechos humanos. Todos ellos pueden compartir en común no consumirlas, pero estar de acuerdo que la guerra contra las drogas resultó un fracaso o un mal mayor como remedio que como enfermedad. Voy analizar el porqué.

La guerra contra las drogas sólo ha servido para aumentar la pobreza y la población carcelaria, especialmente en Latinoamérica y los países productores (aunque luego eso sea Occidente quién lo consume). La lucha contra el narcotráfico en Colombia, Perú y Bolivia, los tres países productores de casi el 100% de la cocaína mundial, no puede ignorar los derechos humanos y dignidad de los campesinos que la cultivan, ni la violencia que se genera en su población. Bolivia propone por ejemplo, que la hoja de coca se legisle como un producto agrícola, patrimonio del Estado boliviano. Se habla de una reducción de los cultivos a 20 mil hectáreas, sin más erradicaciones químicas que tienen tan nefastas consecuencias a nivel ecológico. 12 mil para consumo interno, norte de Argentina y Chile y 8 mil para productos industriales, como los caramelos o las bebidas a base de la hoja de coca como la Coca Colla.

Curiosamente las Naciones Unidas prohíben el culturalmente arraigado uso de la hoja de coca, excepto para fabricación de saborizantes, es decir para uso de la multinacional Coca Cola. Cuando a nivel de estadística criminal y de homicidios, la droga por excelencia es el alcohol. La política de salud necesita el tratamiento no judicializado. La persecución penal de los usuarios no puede encubrir la corrupción y el narcotráfico. En países como Argentina, un 70% de las causas por drogas, son consumo personal. O sea, gente con porros, un chiste, cuando el verdadero problema es lo que se genera a partir del mercado negro y sus tentáculos.

La guerra andino amazónica, el Plan Colombia, el Plan Dignidad de Bolivia y la persecución en Perú, arrojan cifras contundentes: las hectáreas cultivadas entre Perú, Bolivia y Colombia no se reducen apenas, sólo se trasladan: “bajo el pretexto de la lucha contra las drogas, las fronteras de estos países se militarizan por parte de EEUU. Estos planes no aumentan los espacios democráticos, al contrario los restringen”.

En el contexto latinoamericano, no se puede comenzar un debate ignorando la enorme desigualdad social y económica de la población. Por lo que las consecuencias del fracaso de la “Guerra contra las drogas” con sus distintas políticas de control, solo generaron más represión y aislamiento social desproporcionado de consumidores y “mulas”, violencia, daño medio-ambiental y violación de los derechos humanos (como violaciones a niñas de los paramilitares norteamericanos en Colombia). Es decir mueren más personas por violencia de drogas o narcotráfico que por consumo.

Asociaciones como Situaciones de Sufrimiento Social (RAISSS) de Méjico explican que, “cuando el discurso de la guerra contra las drogas se convirtió en efectivamente una guerra, en Méjico costó 13 mil muertos en 2 años y medio”.

Hay un tabú con el verdadero problema: los sicarios y sus santos, la mala praxis médica en el caso de que la enfermedad no sea algo subjetivo, la estigmatización de las minorías, y las diversas contradicciones del control represivo, o la hipocresía moral del prohibicionismo. Hasta que en España no perdimos una generación con la heroína, no se asumió como problema de salud por parte del Estado, y ciertamente con las narcosalas y otros proyectos de prevención de riesgos asociados, se logro disminuir.

Además de la corrupción fronteriza también está la de las asociaciones de cura de adicto, que reciben subvenciones y a veces prefieren que este no se cure para seguir cobrando dinero por él: así de crúel. Puesto que la legalización de las drogas, excepto la del alcohol (que es la que más muertes provoca o el tabaquismo) tiene un inevitable coste político para cualquier Gobierno, se trata de generar propuestas a través de ONGs y asociaciones de iniciativa ciudadana basándose al menos en la no criminalización de los usuarios, para ahondar en una verdadera lucha contra el narcotráfico.

El holandés Martin Jelsma, coordinador del Proyecto Drogas y Democracia del Transnational Institute (TNI), afirma que los resultados de la reunión de Naciones Unidas que se revisaron en Viena, las metas fijadas hace una década en materia de drogas fueron decepcionantes, tanto que lograron abrir otro tipo de debate en la materia.

Un estudio del diputado brasileño del Partido de los Trabajadores, Paulo Teixeira, autor de primera ley de reducción de daños en ese país, analiza 391 sentencias por infracciones a la ley de drogas. El estudio revela que el 56 % de los condenados estaban siendo detenidos por primera vez; el 84 % no llevaba armas; el 60,8 % estaba solo y no pertenecía a ninguna organización delictiva. Y el 50 % de los condenados por tráfico de marihuana estaban en posesión de menos de 100 gramos.

Este estudio demuestra que la ley de drogas brasileña es contraproducente, porque recluye a usuarios inocentes, que en las cárceles pueden llegar a ingresar al crimen organizado. Por eso, es importantísima la diferenciación entre usuarios, mulas y narcotraficantes.

En un país en que la segunda causa de detención es la tenencia. Un primer paso que dio el socialista gobierno ecuatoriano a fines de 2008, fue el llamado “indulto a las mulas”, una medida que liberó a 1.500 personas condenadas a prisión condenada por trasladar pequeñas cantidades de sustancias prohibidas. Además, ya se introdujo una reforma en la Constitución Nacional de Ecuador, para que se respeten los derechos humanos y ciudadanos de quienes consumen. No se trata de penalizar y criminalizar a consumidores, o aumentar la población carcelaria mientras otros “siguen forrándose”. Las drogas incluso históricamente han servido de “genocidio sútil” de poblaciones incómodas, como en la Isla de Pascua con la erradicación de sus cultivos y la introducción de pasta base, y porro con pasta base.

Por eso es necesaria también “una lógica diferente de gestión hospitalaria” de gestión integral al usuario. Un enfoque más humano que incluya el acceso a los servicios de salud de todos los ciudadanos, y la planificación prudente con recursos como psicólogos y terapistas cualificados, o la existencia de centros asistenciales apropiados en lugar de no encierros psiquiátricos sistemáticos y cuestionables desde el punto de vista médico. No es una tarea fácil hoy representar y atender a usuarios de drogas porque se trata de una minoría criminalizada.

¿Cuales son las motivaciones que llevan a que se justifique toda una guerra que afecta solo a un 0,1 por ciento de la población (con usos problemáticos de drogas) a nivel mundial?. ¿Es necesaria la hipocresía del que consume pero condena, e incluso de capitalistas beneficiados por el jugoso flujo económico mundial que genera el narcotráfico y su lavado de dinero?. Los narcos de hoy ya no son bestias pardas con cadena de oro, son jóvenes de traje y políglotas: sostienen economías de países. Derriben estereotipos, nuevas políticas son necesarias, para que más madres no vean morir a sus hijos, fruto de cárteles, leyes o cárceles, que no entienden de escrúpulos.

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5 comentarios a “El fracaso de la guerra contra las drogas”

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  2. [...] fuerte legalizar todas las drogas como medida anti-crisis, pero mucho se ha hablado de la guerra contra las drogas y sus políticas criminalizadoras que en realidad generan más muertes, violencia y corrupción internacional que el consumo.  Cada [...]

  3. [...] fuerte legalizar todas las drogas como medida anti-crisis, pero mucho se ha hablado de la guerra contra las drogas y sus políticas criminalizadoras que en realidad generan más muertes, violencia y corrupción internacional que el consumo.  Cada [...]

  4. [...] Parlamento Europeo, de los años 2001 y 2004, y el informe Reuters de la ONU, del 2008, reconocen el fracaso de la Guerra contra las Drogas desatada hace casi 50 años. Incluso Eusebio Megías, de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción, ha reconocido que la [...]

  5. [...] eso no es todo, la supuesta guerra contra las drogas que deja más muertos y damnificados que las propias drogas que… habría dejado al menos a 4.500.000 de campesinos sin sus tierras, que luego se quedarían amigos [...]

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